Ley antilavado exige a contratistas y operadores virtuales reportar transacciones sospechosas

Una modificación reciente en la legislación referente a la prevención del lavado de dinero ha incrementado considerablemente el número de entidades que deben informar sobre actividades sospechosas. Este cambio es una respuesta a la intención del Estado de eliminar lagunas regulatorias que facilitaban el flujo de capitales ilegales en sectores sin vigilancia.

La Ley Orgánica de Prevención, Detección y Combate del Delito de Lavado de Activos, tras su reforma, incluye ahora a actores como notarios, registradores públicos, abogados, contadores, proveedores de servicios fiduciarios, operadores de activos virtuales y contratistas del Estado. Todos ellos deberán implementar sistemas de control, identificación y reporte ante la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE).

Uno de los puntos clave de esta normativa es la obligación de reportar cualquier operación sospechosa o que supere los 10.000 dólares, ya sea en una sola transacción o mediante acumulación de operaciones durante un período determinado. Los reportes deben realizarse en plazos estrictos: 15 días para operaciones cuantiosas y hasta 4 días tras la detección de movimientos irregulares.

La reforma también establece que los sujetos obligados deben registrarse ante la UAFE y obtener un código único de cumplimiento, requisito sin el cual no podrán operar legalmente. En el caso de los contratistas del Estado, esta exigencia tiene un impacto directo: cualquier entidad pública que contrate servicios o bienes deberá verificar el cumplimiento del contratista con esta disposición. De no hacerlo, se expone a sanciones administrativas, incluida la nulidad del contrato.

En el ámbito de los operadores de activos virtuales, el Estado busca incorporar mecanismos de trazabilidad que permitan seguir el rastro del dinero que se mueve en plataformas descentralizadas. Estas entidades deberán implementar manuales de políticas de prevención, evaluar riesgos de sus clientes y reportar operaciones inusuales. Se les exige además almacenar la información por al menos diez años.

La reforma fue acompañada de cambios en el Código Penal, el Código de Comercio y otras normativas relacionadas con la función notarial y las contrataciones públicas. Además, se crea un sistema integrado de supervisión y control, coordinado por el Consejo Nacional de Coordinación Contra el Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo (CONCLAFT), que trabajará con diversas instituciones públicas para estandarizar criterios y capacitar a los nuevos sujetos obligados.

La intención del Ejecutivo es clara: crear un cerco normativo más efectivo contra el lavado de dinero, la corrupción y la evasión fiscal. El fortalecimiento de las facultades de la UAFE y la incorporación de más actores a la cadena de control buscan aumentar la transparencia del sistema financiero y prevenir el uso del país como canal para el blanqueo de capitales provenientes de delitos.

La puesta en marcha de esta regla supone un desafío para sectores que no estaban acostumbrados a este tipo de exigencias. Abogados, contadores públicos y proveedores de tecnología financiera tendrán que ajustar sus procedimientos internos, entrenar a su equipo y asumir costos operativos extras asociados al cumplimiento de la normativa.

La modificación incluye un tiempo de adaptación. Las nuevas entidades tendrán un plazo de cinco meses desde que las normas entren en vigor para inscribirse en la UAFE e iniciar la implementación de sus sistemas de prevención. Pasado este periodo, no cumplir con estas obligaciones resultará en multas e, incluso en ciertas circunstancias, en penalizaciones legales.

Este marco legal renovado pretende no solo alinear al país con los estándares globales en cuanto a la lucha contra el blanqueo de capitales, sino que también fortalece la integridad de sus entidades públicas y del sistema económico en su totalidad. No obstante, la efectividad de esta reforma estará condicionada por la habilidad del Estado para vigilar su implementación de manera eficiente y equilibrada.

Por María José Londoño

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