Sebastián Ceria, el científico y empresario que quiere transformar el Racing de Santander con fórmulas matemáticas | Fútbol | Deportes

Sebastián Ceria (Buenos Aires, 58 años) sabe que la ciencia matemática puede crear con exactitud lo que para otros es arte de magia. Quizás por eso ha invertido 30 millones de euros en el Racing de Santander, un equipo que jamás ganó un título oficial de Primera y que lo más cerca que estuvo de conseguirlo fue hace más de 90 años, en la temporada 1930-31, cuando quedó subcampeón de Liga.

Pero más de uno se preguntará a qué fin un científico argentino, doctor por la Universidad Carnegie Mellon, profesor en la neoyorquina Columbia y filántropo, matemático rebelde y empresario atípico, como se define él, compra en España un equipo que hace diez años no juega en Primera y viene de atravesar el desierto durante una década, sobre todo, en campos de Segunda B.

Cuatro factores nos ofrecen pistas. Ceria es seguidor en Argentina del Racing de Avellaneda. Un paralelismo nominal, para empezar, algo anecdótico, pero que ya en su infancia porteña le dio noticia de la existencia de un club en España que también se llamaba así: Racing. Luego, una azarosa mezcla de amor, amistad y cálculo pueden explicar el resto de la operación. Por un lado, su esposa, Alicia Zorrilla, santanderina, quizás haya influido para que la familia que ambos forman con dos hijos de 16 y 20 años vuelvan a poner pie en su tierra. Por otro, Manuel Higuera, antiguo jugador y hoy presidente del club, es amigo de la pareja. Junto a él, Ceria creó Sebman Sports International con el objetivo de entrar en la entidad y comprar las acciones a Pitma, la empresa que lo controlaba hasta el pasado mes de julio. Y finalmente, el sólido convencimiento de que las matemáticas, esa ciencia exacta que mueve hoy el mundo más que cualquier otra disciplina, pueden aportar fórmulas de éxito al fútbol y concretamente a un equipo cuya identidad no reside en el triunfo, sino en labrarse, como dice la escritora Marta San Miguel, una forma de permanencia.

La afición espera que esa forma permanencia se transforme en una manera de ganar. Al menos algo… Alguna vez… Y que, para empezar, no dure mucho tiempo en Segunda División, donde esta temporada han vuelto a ascender. Y que pronto la recuperen en Primera. “Ese es el objetivo. No puedo decir cuándo, pero sí en los próximos dos o tres años”, asegura Ceria. Lo pronostica tomando un café en Madrid, cuando los jugadores han ganado dos partidos seguidos. Ayer domingo fueron tres, tras derrotar al Burgos en casa por un contundente 3-0. El equipo anda hoy a cuatro puntos del primero en la tabla, el Leganés, y a solo dos del ascenso.

El empresario vive ahora en Londres, ciudad que alterna con varios días en Santander. Pero su deseo es mudarse a España. En Cantabria, asegura, no tiene planes a corto plazo: “Les va a costar librarse de mí”, afirma. Ceria no ha entrado a financiar el club como un paracaidista en busca de foco para despistar, como hicieran en el pasado el ucranio Dimitri Piterman o el indio Ahsan Ali Sayed. Su intención conjuga un planteamiento de largo recorrido donde piensa experimentar un proyecto futbolísticamente competitivo, pero también, incluso más, recalca: “Un plan social”.

Tres son las patas en las que pretende asentar su estrategia codo con codo junto a Higuera. “La deportiva, para empezar, en la que no soy experto, pero en la que creo que se pueden implementar fórmulas matemáticas a la hora de prevenir lesiones, fichar jugadores -ya lo hacen grandes clubes- o plantear tácticas de juego”, asegura, “que ayuden al equipo técnico que lidera José Alberto, el entrenador”.

Por otro lado, la comercial: “El club tiene la posibilidad de generar recursos que reviertan en el campo deportivo”. Y finalmente, insiste, la social. “Esa tercera dimensión la concibo como una marca que hasta ahora ha sido infrautilizada para lograr impacto. Creo que el Racing puede aglutinar en Santander y en la región de Cantabria o a escala nacional un gran eco en ese terreno. El racinguismo mueve a la gente. Queremos iniciar campañas sociales que tengan que ver con la lucha contra el acoso escolar, el racismo o la salud, para empezar. En eso vamos a estar muy activos. También en el fomento del fútbol femenino, temas de prevención o violencia de género. En resumen, todo aquello que anda en la agenda de nuestras sociedades, donde creemos que el Racing puede alzar la voz, sencillamente, porque la gente lo escucha”.

En ese sentido, Ceria ya ha comenzado a actuar. Empezó agitando una campaña de apoyo a Marcos Muñoz, un joven aficionado que sufre sarcoma de Ewing. Se trata de un tipo de cáncer que afecta a los huesos. Necesitaba un trasplante de cadera y una prótesis robotizada cuyo coste ascendía a 60.000 euros. El club montó una campaña en redes y recaudó 10.102, una cantidad que la Fundación Racing ha duplicado. La familia de Marcos Muñoz ha recibido por tanto 30.306 euros para su curación.

A esta campaña se ha unido la creación de un equipo para la Liga Genuine, dedicada a jóvenes con una discapacidad intelectual acreditada de al menos un 33%, junto a instituciones de la ciudad como La Obra San Martín y la asociación AMPROS. Además, ya en el terreno deportivo, Ceria ha acelerado y potenciado la sección de fútbol femenino junto a Racing Féminas, que disputarán la liga de mujeres con más recursos la próxima temporada.

¿A qué se debe esa determinación a la hora de convertir un equipo de fútbol en un altavoz de compromiso social? Su formación y procedencia lo marcaron. Hoy, Ceria preside en Argentina la iniciativa Fundar. La creó para fomentar en su país el desarrollo económico y la democracia en condiciones de justicia, igualdad y sostenibilidad, según ha escrito y nos cuenta ahora. Es hijo de la transición en el cono sur americano. Creció en un entorno muy marcado por el peligro de la dictadura que implantó la junta militar. Su padre fue un ingeniero obsesionado por la cultura y su madre, trabajadora social. Ceria no responde al arquetipo de un presidente de club de fútbol a nivel mundial. Se trata de alguien que ha leído a Borges, a Julio Cortázar, a Ernesto Sábato… Y que, sobre todo, ha desarrollado una carrera científica internacional de nivel. Primero, en su país, donde estudió en una Universidad de Buenos Aires con goteras, recuerda, que después ha ayudado a reformar. Y, sobre todo, en Estados Unidos, donde aplicó sus conocimientos a la empresa y las finanzas en los años noventa.

Entonces andaba en Nueva York, donde creó Axioma, “una compañía que aplicaba fórmulas matemáticas a inversiones financieras”. Bandeó la burbuja tecnológica, estuvo a punto de caer, pero creció gracias a un préstamo que le consiguió un compañero de universidad casi después de haber tirado la toalla: “Un día estaba bastante deprimido y me fui precisamente a jugar al fútbol en nuestro campus de Columbia. Le conté mi situación a un colega y él me aseguró que me conseguiría el dinero necesario”. Entonces, solo requería un millón de dólares. “Acabaron multiplicándolo por cien”, asegura Ceria.

Comenzó solo junto a un compañero. La hizo crecer hasta contratar a 250 empleados y la vendió en 2008 a la bolsa alemana por 850 millones de dólares. A partir de ahí, programó su otra vida. Nada fortuito. Todo producto de un plan perfectamente diseñado. Crear Fundar para contribuir al progreso en Argentina y vivir en Europa. “Yo todo lo hago a futuro, no cuento el presente. Y no suelo equivocarme, cuando algo se desvía de las previsiones, corrijo el rumbo”.

En Ceria, palabras como azaroso, fortuito o expresiones como dejarse llevar, no caben dentro de su diccionario. Sí, en cambio, matemática discreta, logística, optimización, investigación operativa… Términos a los que pretende adaptar la dinámica de un club cuyo lenguaje anda más entregado a conceptos sombríos muy distintos como: milagro, barro, descenso y ascenso, empate, defensa, suspiro, resignación…

Tampoco es que Ceria sea un optimista acérrimo. La matemática se lo impide. Y Argentina, también. “Cuando creé Fundar no calibré bien algunos factores que pensaba resueltos y no lo están, como el asunto de los derechos humanos. Cometí un error en ese sentido. A pesar de ello, mi idea sigue siendo cambiar el país, saltar etapas”. Aunque el hecho de que hayan surgido por el camino liderazgos atroces como el de Javier Milei, deben suponer un varapalo respecto a sus intenciones. Esa variable la puede enmarcar dentro de su idea de lo que representa una sorpresa. Nunca las espera. “Están distribuidas simétricamente, por cada una buena viene una mala. Lo importante es ser inteligente cuando uno ha tenido suerte”, asegura.

Pero también poner las bases para no llevarse disgustos. O saber ver, desde fuera, respecto a Cantabria, por ejemplo, lo que muchos de quienes andan dentro no son capaces de intuir: “Santander y la región tienen un gran futuro”, dice el empresario y matemático. Y ya conocen el significado de esa palabra para el nuevo dueño del Racing. En cuanto al presente, afirma tener bajo control la deuda de 3,4 millones de pérdidas con las que el equipo cerró la temporada pasada. “El tema financiero no me preocupa, hemos hecho una inversión sólida -los 30 millones mencionados- y el club va a estar saneado”. Eso ayuda a revertir el lenguaje de la afición junto a los mejores resultados que han visto en El Sardinero desde hace años. Muchos de los socios y seguidores lo consideran, quizás, magia, para Ceria, son los efectos incontestables de un plan y una fórmula algebraica que empieza a funcionar.

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