Masters de Montecarlo 2024: Tsitsipas, el último dominador de Montecarlo | Tenis | Deportes

Ahí luce otra vez Stefanos Tsitsipas, canturreando felizmente el himno de Grecia y sosteniendo el trofeo de Montecarlo en su regazo. Es el tercero que consigue, palabras mayores: 6-1 y 6-4 a Casper Ruud, en 1h 36m. En medio de la amalgama de paisajes que ofrecen los Masters 1000, el del Principado es uno de los más reconocibles y prestigiosos, testigo del paso de fenómenos como el rumano Ilie Nastase o el sueco Björn Borg, o de consumados especialistas de la tierra batida como el austriaco Tomas Muster. Se une ahora a ellos el griego, también autor de un triplete, superado únicamente por la estratosférica cifra alcanzada por Rafael Nadal, once veces campeón. Él es, pues, el último dominador de un escenario que ya ha ofrecido las primeras pistas del curso sobre arcilla, una insinuación de lo que puede venir el próximo mes y medio: si no hay deslices, ahí estará él, repuesto después de varios meses dando rodeos, del mismo modo que lo estarán Novak Djokovic —apeado el día previo por Ruud— o el propio nórdico, al que se le resiste el último peldaño.

No hacen justicia los resultados al creciente desempeño del noruego, que progresa, se reformula —terrícola de raza, pero considerable competidor también en rápida— y aspira una y otra vez, sin obtener recompensa. No tiene demasiada fortuna, dicho sea de paso. En Miami (2022) se topó con la explosión de Carlos Alcaraz, en Roland Garros (2022 y 2023) con la inmensidad de Nadal y Djokovic, y en el episodio definitivo de la Copa de Maestros de 2022 con la aureola ganadora del serbio. Esta vez, la presencia de Tsitsipas al otro lado de la red parecía ofrecerle un punto más de esperanza, pero a la hora de la verdad, el griego cortó por lo sano. Un arranque furibundo y una resolución sin dudas, repeliendo cualquier tentativa del rival —ocho opciones de rotura abortadas— y cerrando como se debe cerrar: tiro limpio, paralelo, ganador; inalcanzable para el otro finalista, que agacha la cabeza y acepta, a la espera de seguir intentándolo en las próximas estaciones. Llegará, llegará, piensa el creyente Ruud. No por ahora. Pero no desistirá, eso seguro.

No hubo demasiada discusión en este epílogo monegasco, dominado de principio a fin por el campeón. Incontestable en la primera manga, en la que ofreció lo mejor de su repertorio —gracilidad en el movimiento, profundidad en el abordaje, estrategia en el plano táctico y remate en la finalización de los puntos—, Tsitsipas solo encontró resistencia mediada la segunda. Entonces sí, Ruud le exigió con decisión, pero a cada intentona replicó el griego con determinación, consciente de que la victoria podía resituarle de nuevo en el buen camino —regresará al top-10 este lunes, tras haberlo abandonado después de cinco años de estancia ininterrumpida— y de que el momento más oportuno para levantarse tal vez sea este. Aunque su tenis tiene doble capa y puede desenvolverse tan bien en cemento como en tierra, sus momentos más felices se han producido en la pista del Principado, donde ya es un dominador al nivel de los Nastase (1971 a 1973), Borg (1977, 1979 y 1980) o Muster (1992, 1995 y 1996).

En 2021 rindió en la final a Andrey Rublev, al año siguiente se inclinó el malagueño Alejandro Davidovich y ahora se encumbra otra vez al redondear una semana magnífica. Apeó por el camino a tenistas de envergadura como Zverev, Khachanov, Sinner o el académico Ruud, quien el día previo había liquidado a Djokovic. Selló el duelo con 30 golpes ganadores y 29 aproximaciones a la red —con una eficiencia del 72%—, lo cual dice mucho de su apetito. Tenía el plan muy claro. “Fate favors fearless (el destino favorece a los intrépidos)”, estampó en la lente de la cámara, saboreando ya su primer título del curso —undécimo de su expediente, tercer mil— y cerrando la sequía que arrastraba desde agosto, cuando venció en Los Cabos. Difícil de descifrar, pero de innegable calidad, Tsitsipas recupera parte del terreno perdido; este lunes escalará del duodécimo al séptimo puesto de la lista mundial, y se destapa en una de sus fases predilectas de la temporada. La primera cita sobre tierra lleva su nombre y presenta así sus credenciales de cara a lo que se avecina: Barcelona, Madrid, Roma y Roland Garros. Cuenten con él.

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