La victoria de los ultras en Países Bajos da alas a la extrema derecha europea | Internacional

No esperaron ni a que hubiera resultados definitivos de las elecciones en Países Bajos. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, lanzó el miércoles por la noche un mensaje de felicitación al líder del partido de la ultraderecha euroescéptica neerlandesa, Geert Wilders, tras conocer el triunfo según las estimaciones de las encuestas. Minutos después fue la francesa Marine Le Pen y, al rato, el italiano Matteo Salvini, dos líderes de los partidos que están más a la derecha del espectro europeo.

Su alegría es doble: un correligionario ha ganado en un Estado miembro del club comunitario y, además, no lo ha hecho en uno cualquiera. Ha vencido en Países Bajos, uno de los fundadores de la Unión Europea, que suele ser un país clave en la configuración de alianzas entre los Veintisiete. Pero es también la nación que hace años dio la puntilla a la Constitución Europea, que no llegó a nacer, o la que rechazó en referéndum el acuerdo de asociación con Ucrania en 2018. También es aquel cuyo resultado en las elecciones municipales de esta primavera marcó un punto de inflexión con respecto a la aplicación de las políticas verdes y cómo se veían desde varios partidos europeos.

El ascenso de las formaciones ultraconservadoras europeas, que se observaba con victorias como la de Giorgia Meloni en Italia o la conquista de la segunda posición electoral para Demócratas de Suecia, pareció quedar frenada en julio en España y en septiembre en Polonia: Vox y Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en polaco) perdieron posiciones y, en el caso polaco, el Gobierno. La explicación a esos frenazos, como la de este último avance, no es la misma para cada sitio, como recuerda por correo electrónico Cas Mudde, politólogo holandés y referencia en los estudios sobre la extrema derecha: “Cada elección nacional es solo eso, nacional”, puntualiza. “Hubo razones específicas para los resultados españoles y polacos, no regionales o globales. Vox hizo una mala campaña, mientras que el PiS sufrió fatiga gubernamental”, agrega, a la par que recuerda que los partidos ultras lideran hoy las encuestas en Austria, Bélgica, Francia, Hungría e Italia. “Esperanza de futuro, hoy en Países Bajos; mañana en Flandes”, apuntaba el ultra flamenco Vlaams Belang, que encabeza las encuestas en Bélgica.

Dentro de las instituciones europeas nadie hace valoraciones concluyentes todavía. Se mantienen a la espera sobre la formación de una coalición de Gobierno o al contenido de su programa gubernamental. “Países Bajos es un país fundador de la UE, un miembro muy fuerte de nuestra Unión”, ha respondido el portavoz de la Comisión Europea, Eric Mamer, a la pregunta de si Holanda puede convertirse en el siguiente Reino Unido (Wilders prometía en su programa electoral una consulta sobre la permanencia del país en la UE). La insistencia sobre la membresía histórica holandesa —“seguimos contando con Países Bajos como miembro fuerte de la UE”, ha agregado el portavoz— deja traslucir, no obstante, cierta inquietud en las instituciones europeas. No ya por un nuevo Brexit, sino por un endurecimiento de posturas en temas clave como la migración, la ampliación del bloque o incluso el medio ambiente.

Los aliados europeos de Wilders lo dan por sentado: mientras Orbán colgaba el éxito de los ochenta Wind of change en X, antiguo Twitter; el viceprimer ministro italiano, Matteo Salvini, aliado del PVV de Wilders en Europa —su partido, la Liga, también forma parte del grupo europarlamentario ultra ID, igual que el Reagrupamiento Nacional de Le Pen—, felicitaba al “amigo” Wilders por una “victoria extraordinaria” que demuestra, afirmó, que “una nueva Europa es posible”. Una Europa que, según acotaba en otro mensaje Le Pen, debe reconocer un “apego cada vez mayor a la defensa de las identidades nacionales”. En declaraciones este jueves en la emisora France Inter, la líder ultra insistió en que los resultados holandeses “demuestran que cada vez más países de la UE disputan su funcionamiento y desean que podamos volver a controlar una inmigración masiva y totalmente anárquica”.

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“Podemos esperar [del nuevo Gobierno] que sea más euroescéptico”, vaticina Mudde, que ve “cada vez más probable” que se forme un Ejecutivo con Wilders al frente. Con más dudas sobre si ese es el futuro, el investigador polaco Pawel Zerka, del instituto de análisis Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés), habla en condicional al decir que con Wilders al frente en La Haya se puede bloquear la ampliación de la UE, cuestionar la agenda climática o endurecer la política migratoria. Algo que, para el director de la oficina en Bruselas de la Fundación Heinrich Böll (ligada al partido Los Verdes de Alemania), Roderick Kefferpütz, ya ha empezado a suceder: “Estas turbulencias electorales son muy preocupantes y están llevando a la UE a adoptar una posición más cauta en temas que reclaman urgencia y acción, como el cambio climático”, señala. El experto recuerda que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, “ya resaltó esa estrategia al declarar que ha llegado la hora de la implementación, de seguir como siempre, en vez de avanzar con acciones audaces”. Lo hizo en su último discurso sobre el Estado de la Unión.

Desde el think tank Centre for European Reform, lo que ve “más interesante” la investigadora Camino Mortera es si se va a cortar el cordón sanitario a la ultraderecha en Países Bajos y qué posición van a tomar los liberales conservadores del hasta ahora primer ministro, Mark Rutte.

Ella ve un panorama cada vez más polarizado: “Esa es la tónica que veo en Europa. El mainstream [consenso político entre populares, liberales y socialistas que ha marcado la UE desde su fundación] ha desaparecido”, lamenta. Y eso da pie a la incógnita de qué pasará tras las elecciones europeas de junio del año que viene. Tanto Mortera como Zerka, de ECFR, ven un riesgo en el crecimiento de los extremos a izquierda y derecha. El polaco incluso apunta a que si entre ambas opciones llegan a un tercio de la Cámara se podría llegar a un bloqueo institucional, aunque aclara que no es lo que vaticinan los sondeos.

También mira a junio de 2024 Alberto Alemanno, profesor de la cátedra Jean Monnet de Derecho Europeo en la escuela de negocios HEC de París, cuando señala que si en Países Bajos se configura una alianza entre ultras y conservadores tradicionales, como ya la hay en Italia; tras las elecciones europeas, se podría avanzar a una coalición en esa dirección en Bruselas.

En la Heinrich Böll temen un escenario similar. “Aunque es preocupante que los conservadores de centroderecha tradicionales estén perdiendo terreno frente a la extrema derecha, no se trata solo de una victoria de los ultras en Países Bajos”, advierte Kefferpütz. Recuerda al respecto que más del 50% de los escaños holandeses se van a repartir entre nuevos partidos. Una tendencia apunta, que podría también verse pronto en Alemania, donde la nueva lista en torno a Sarah Wagenknecht, que ha abandonado el poscomunista Die Linke para fundar un partido de extrema izquierda, pero capaz de robarle votos a la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), ya obtuvo “dobles dígitos en la primera encuesta”. Una tendencia que se trasladará a la Eurocámara, vaticina, donde esta oleada de nuevos partidos “harán el Parlamento Europeo más diverso, pero también más difícil la tarea de alcanzar compromisos y acuerdos”.

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