Inglaterra sofoca la última rebelión de Fiyi en el Mundial de rugby | Deportes

Jonny May lleva la pelota ante Waisea Nayacalevu en el partido entre Inglaterra y Fiyi.STEPHANIE LECOCQ (REUTERS)

Inglaterra, en el furgón de cola del Seis Naciones en dos últimos años aciagos, se ha convertido en la avanzadilla del hemisferio norte en el Mundial de rugby. Un sorteo favorable y un juego, a falta de florituras, ordenado han llevado al XV de la Rosa a dos partidos del título. El premio tras vencer (30-24) en Marsella a Fiyi, la revelación del torneo, el verdugo de Australia en fase de grupos que no se rindió hasta el epílogo. Se medirá en las semifinales ante el ganador del Francia-Sudáfrica.

Si los ingleses son el enemigo público número uno del Seis Naciones, esta semana lo han sido de todo el mundo. Asumió la etiqueta Billy Vunipola, consciente de las filias que despertaba Fiyi, que jugaba sus terceros cuartos de final tras los de 1987 y 2007 y no pudo con ese umbral que ninguna selección polinesia ha superado. El XV de la Rosa tuvo la paciencia para controlar la imprevisibilidad de una selección que les derrotó en Londres en agosto; capaz de ganar a los Wallabies e inquietar a Gales antes de sufrir con Georgia y caer ante Portugal.

El choque de estilos entre estructura y talento estaba servido. La fórmula de los ingleses era su orden ante un rival que ansía espacios. Pese a la mejora en la disciplina –en el triunfo ante Australia contuvieron meritoriamente las faltas–, la tradición dice que las selecciones polinesias abrazan la anarquía. El XV de la Rosa salió asegurando el balón: cargas sencillas de sus delanteros para desgastar al rival a la espera del silbato del árbitro. Con Marcus Smith como zaguero –una alternativa más vertical, menos defensiva– y George Ford, el artífice de la victoria ante Argentina, en el banquillo.

Fiyi resistió las primeras incursiones inglesas como una aburrida selección europea, sin faltas. Pero Inglaterra ganaba metros por envergadura, con el maul, la plataforma sostenida por el empuje de sus delanteros. La respuesta oceánica: discutir el balón en el ruck y robarlo en ese lapso entre el placaje y la liberación, bordeando el reglamento. O derribar el maul, la reacción inevitable cuando el empuje es incontenible. En resumen, golpes de castigo, música para los oídos del XV de la Rosa, que tardó 20 minutos en abrir brecha tras dos ensayos de genoma similar. Cargas de los delanteros, ley de la ventaja por una falta oceánica y la carga definitiva rompiendo placajes. Manu Tuilagi firmó el primero, llevándose dos defensores en la mochila, y Joe Marchant anotó el segundo.

Los polinesios se vieron 15-3 abajo y diez minutos con uno menos tras un placaje atropellado de Habosi con la cabeza sobre el labio de Smith. Pero con Fiyi cualquier previsión es jugar con fuego. Gestaron un ataque en inferioridad tras un robo y empezaron su secuencia a cinco metros del ensayo inglés. Su receta es continuar la jugada, a veces a ciegas, con un pase por debajo de las piernas sin un destinatario claro, en busca del premio. Lo encontró Viliame Mata, que cazó ese oval silvestre y se coló para ensayar bajo palos. La excepción a una cascada de faltas que Inglaterra, ajena a los errores, transformaba entre palos para irse al descanso con un buen colchón (21-10).

Los ingleses tenían el duelo bajo control, su única amenaza era el tiempo, conscientes de que Fiyi, que rozó ante Gales la mayor remontaba en la historia de los Mundiales, puede gestar una revolución en un suspiro. Pero los oceánicos, mejores en defensa, no conseguían prender su chispa. Ante la falta de ataque, llegaron los encontronazos. Tuilagi se metió tanto en el papel que le dio un manotazo a Marler ante el gesto de pocos amigos de su compañero.

Pero Inglaterra no mató el partido y llegó ese minuto de virtuosismo fiyiano, desde la tensa apertura al flanco izquierdo, donde estaba la superioridad, al pase al centro para la carga de Peni Ravai, el pilier al que uno espera en una melé, no anticipándose en una carga antes de que el pase salga de las manos de su compañero. La imprevisible Fiyi ensayó y cambió el escenario. Se creyeron la remontada y subieron una marcha a su ataque sin red. Les costaba retroceder a los ingleses; sus delanteros necesitaban un respiro y empezaron a fallar placajes. A sus pares fiyianos podrán faltarles kilos, pero no potencia. Así que Isoa Nasilasila rompió la línea como un velocista y asistió a su 10, Vilimoni Botitu, para el ensayo del empate. Una ventaja de 14 puntos evaporada en cuatro minutos.

Al igual que su cuarto de final de 2007 ante Sudáfrica, Fiyi remontaba y llegaba con el duelo empatado a los últimos diez minutos. Como los Springboks, Inglaterra respondió al drama con una secuencia solvente para que Owen Farrell colara un drop –una patada con bote pronto– y devolviera la ventaja a los suyos. El apertura extendió la renta con otro golpe de castigo: seis puntos, incertidumbre suficiente para que los oceánicos ganaran con un ensayo. Suspense hasta el último golpe de castigo por no asegurar el balón tras una decena de fases sin ganar metros. Solo así, seis minutos después del minuto 80, se venció Fiyi.

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