Copa de Maestros 2023: Djokovic, amo del trono y terror de las raquetas | Tenis | Deportes

La jugada es magistral. Apenas ha metido el pie en esta Copa de Maestros y, merced a esta última victoria, Novak Djokovic ya ha atrapado el objetivo: donde pone el ojo, pone la bala. “Todo lo que venga de aquí en adelante es un bonus para mí”, dice satisfecho cuando el reloj ya marca las 1.45 y el frío alpino aprieta de lo lindo en Turín, escenario del enésimo desafío a la lógica. El serbio ha rendido previamente a Holger Rune tras la elogiable resistencia que ha ejercido el danés (7-6(4), 6-7(1) y 6-3) y la historia dice que, por octava vez en su carrera, cerrará el curso en lo más alto. Cójase aire: 2011, 2012, 2014, 2015, 2018, 2020, 2021 y 2023. Tiene 36 años. “Obviamente, esto significa mucho para mí. Quería que sucediera hoy, que no se prolongase la situación. Terminar como número uno a estas alturas de mi carrera es algo realmente fascinante. A principios de año priorizaba los Grand Slams, pero los resultados y los puntos me pusieron en una buena posición, así que fui a por ello”, resume sabiendo que el hito viene acompañado de otro extra.

En paralelo, el trabajadísimo triunfo contra Rune le garantiza que dentro de dos semanas, cuando se actualice la clasificación mundial de la ATP, alcanzará las 400 en la cima del circuito, algo que hasta ahora no ha conseguido ningún tenista, ya sea hombre o mujer. “It’s huge [esto es enorme]”, sintetiza el de Belgrado, que para atrapar este último logro ha tenido que sudar (y mucho) ante Rune, el ciclotímico joven de las tierras altas que, de algún modo, comparte unas cuantas similitudes con Djokovic en cuanto a personalidad (puro fuego) e instinto competitivo. Reanimado gracias a la reciente incorporación de Boris Becker a su banquillo, el nórdico le ha exigido de inicio a fin, y Nole ha tenido que hacer una de esas visitas a los infiernos para dar con la liberación. “No estoy orgulloso de ello”, dice con cara de no haber roto un plato, porque respeta la vajilla, pero no así las herramientas. Esta vez son dos las raquetas que crujen debido a la confusión, los nervios y el desespero. Sufre hasta que se oye por toda la pista ese doble ¡crack! sanador. Primero una y, acto seguido, la otra. Ahora sí, rumbo hacia la victoria.

Djokovic patea dos raquetas ante la mirada de Rune en el Pala Alpitour de Turín.GUGLIELMO MANGIAPANE (REUTERS)

“Él [Rune] tenía un plan muy claro, ha jugado a un gran nivel. Tenemos un estilo muy parecido y siempre que nos enfrentamos, el partido está muy reñido. Parecía que no se cansaba”, describe en la sala de conferencias, cuando los registros ya han aumentado: son ya 19 triunfos consecutivos, 34 sobre pista dura. ¿Está viendo el aficionado al mejor Djokovic? “Quizá no diría que es mi mejor año, pero sí uno de los mejores”, contesta. “El hecho de haber ganado tres de los cuatro grandes y el haber alcanzado la final del otro, y que aún así no sea mi mejor año, es una buena situación…”, prosigue Nole, que el miércoles se medirá con Jannik Sinner con los deberes hechos. La victoria evita que Carlos Alcaraz pueda darle caza, incluso en el caso de que el español conquiste el torneo, y le permite seguir abriendo brecha respecto a los demás, como a él le gusta. El trono a 31 de diciembre, ese octavo a final de año que ahora celebra, situará a Pete Sampras dos escalones por debajo y a Roger Federer, Rafael Nadal y Jimmy Connors, cinco. Pero todo es poco para él.

Ganador de seis títulos esta temporada, los mismos que Alcaraz, tiene ahora a tiro el desmarcarse definitivamente de Federer en el territorio maestro; ambos mandan con seis trofeos. Alzó el primero en Shanghái (2008); se hizo con cuatro en el O2 de Londres (2012-2015); y celebró hace un año el primero en Turín, que agradece el guiño. “Forza Italia”, estampa en la cámara después de tres horas y cuatro minutos de intenso toma y daca con Rune, resuelto a golpe de oficio. Da igual que le doliera la barriga en Bercy, que pinten bastos en esta primera actuación de la semana o que el danés –16 años menos– reúna méritos más que suficientes para derribarle. Ahí sigue él, siempre en pie. Ya puede caer un meteorito. Se ha abonado el balcánico al sufrimiento en estas últimas fechas; cuatro de sus últimos cinco compromisos se han decidido a tres sets y alrededor de las tres horas en la mayoría de los casos: 2h 39m de reunión con Tallon Griekspoor, 2h 54 con el propio Rune, 3h 01m con Andrey Rublev y este domingo, otra media maratón que acaba como casi siempre: Djokovic, brazos en alto. ¿Cómo si no?

NOLE: “HAY FORMAS MÁS INTELIGENTES DE LIBERAR LA FRUSTRACIÓN”

Consciente de los millones de ojos que hay sobre él, Djokovic ha expresado en múltiples ocasiones que no le enorgullecen ni mucho menos sus cruces de cables. Trata de contenerse, pero no puede. En cualquier caso, lanza el mensaje de que desde ese punto de vista, no es un ejemplo a imitar. 

“Algunos dicen que puede ser ‘pragmático’, porque me ayuda a liberar la tensión y la frustración, y a seguir adelante. Quizá haya sido el caso esta noche”, expone antes de matizar: “Pero no animaría a nadie a hacer eso. A mí tampoco me anima y no estoy contento con ello. No me gusta lo que hice, pero lo he hecho y debo asumir la responsabilidad”.

En consecuencia, el serbio se afea su comportamiento e invita a elegir otros métodos de alivio: “En otros partidos también lo he hecho y he podido jugar de forma más libre… Pero creo que hay, quizá, otras formas más inteligentes de liberar la frustración que rompiendo una raqueta”.

Puedes seguir a EL PAÍS Deportes en Facebook y X, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.