Ancelotti y la comprensión | Fútbol | Deportes

Ancelotti, durante el encuentro pasado ante el Valencia.Sergio Pérez (EFE)

Se reunieron los entrenadores del fútbol profesional español con el Comité Técnico de Árbitros (así, en mayúsculas) y ocurrieron algunas cosas interesantes, como no podía ser de otra manera: la última vez que alguien tuvo la infeliz idea de juntar a herbívoros y carnívoros en el mismo barco se desató un diluvio universal para que Russell Crowe pudiese interpretar, algún día, a Noé en una película.

Carlo Ancelotti, por ejemplo, tomó la palabra el primero y aseguró que los árbitros no respetan a los entrenadores. Más tarde apostillaría que las decisiones tomadas por esos mismos colegiados afectan directamente a sus puestos de trabajo, pero vayamos por partes: ¿acaso respetan los entrenadores a los árbitros? ¿cuándo ha salido un árbitro a poner en duda la profesionalidad de Ancelotti ante la prensa? O sus capacidades, no digamos ya sus intenciones. Las suyas o las de cualquiera de sus compañeros: Xavi, Simeone, Valverde, Setién, Pellegrini, Bordalás… La respuesta es nunca. En cambio, casi todos los entrenadores han conjugado alguna vez el clásico “yo nunca hablo de los árbitros, pero”. También Ancelotti. O especialmente Ancelotti, que parece haber encontrado cierto gusto a la queja en esta su segunda etapa al frente del Real Madrid.

De la primera nos quedan serias dudas sobre el papel que los árbitros jugaron en aquel despido suyo. Florentino Pérez le enseñó la puerta de salida con un año de contrato por cumplir y la mochila repleta de títulos: cuatro en dos años para ser exactos, incluida una Liga de Campeones y un Mundial de clubes. Se habló entonces de un informe que ponía en solfa sus métodos de entrenamiento. O más bien su capacidad de trabajo, pues en él se aludía (supuestamente) a la cantidad insuficiente de los mismos. Lo decía la propia UEFA en aquel menguante 2014: su Real Madrid era uno de los equipos entre la élite europea que menos horas dedicaba a entrenar. Desde el club se insistió entonces en la necesidad de aumentar la carga de trabajo, la temporada no terminó con los resultados deseados y el resto es historia: la cuenta mejor que nadie el propio míster en sus memorias. Y nada se dice en ellas sobre ningún papel de los árbitros en aquel despido.

A la reunión posterior de este lunes con los colegiados no asistió Carlo Ancelotti: curiosamente, el italiano tenía que dirigir un entrenamiento. O precisamente, como se prefiera. El caso es que se marchó Ancelotti, medio a la carrera, farfullando lo que hemos visto en los informativos: que todo es un lío y que los árbitros no entienden a los entrenadores. A ninguno, tampoco a un Xavi Hernández al que en ocasiones parece no entender nadie, quizás su hermano, pero no sus jugadores, ni los periodistas, los aficionados, los jardineros, los meteorólogos, los astrónomos y hasta los músicos, un tanto hartos de poner música a un fútbol que cada vez más suena a petardo.

A la convocatoria del CTA ni se presentó Rafa Benítez, por cierto, el más ultrajado de todos los entrenadores en lo que va de Liga. Tiene razones objetivas para hacerse el ofendido, pero tampoco demasiadas. Contra el Getafe, por ejemplo, los errores arbitrales cayeron abundantes y groseros a su favor, pero ni por esas fue capaz su equipo de ganar aquel partido. Eso nos demostraría cuánto importa la comprensión arbitral si la pelota no entra, que es más o menos lo que importa la nuestra: entre nada y nada de nada.

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