Aitana Bonmatí, a un paso del Balón de Oro: “Sufro porque siempre quiero más” | EL PAÍS Semanal

Aitana Bonmatí (Sant Pere de Ribes, 25 años) no es una jugadora de fútbol. Bonmatí es fútbol. Fútbol es todo su ser menudo, musculoso, tenaz y volcánico. Ha entrenado esta mañana, se ha duchado, ha comido, se sienta para que la maquille Manuela Pane. En la base del espejo pone su móvil y un suplemento de proteína. Esto no es fútbol, pero entiende que ya es parte de su trabajo. Fue una niña siempre pegada a un chándal, ahora es una celebridad que pasa por una sesión de maquillaje antes de ser retratada. “No me desagrada, pero no es mi mundo, mi mundo es el deporte”, dice mientras Pane le seca la melena. Cuenta que le gusta el pop anglosajón, la música catalana. Anglos como Post Malone, Ed Sheeran, Coldplay. Catalanes como The Tyets, La Pegatina. “¿No conoces La Pegatina? Es rumba”. De rumba casi no le suenan los clásicos, como El Pescaílla o Peret. “Seguro que alguna del Peret habré escuchado…”. Le gustan los colombianos Morat, una banda de pop. “Morat con t”, aclara. Porque luego está Morad con d, ese rapero catalán con tantos fans como líos policiales.

Echa mano al móvil cuando quiere asegurarse de algo de lo que menciona. Procura usarlo con moderación. “Quita mucho tiempo y es un estrés. Demasiados inputs”, concluye. Guiña un ojo.

Su rostro es aniñado. Su esencia expresiva —línea de boca, tensión facial, intensidad en la mirada, cuello fuerte, cuello recto— es la de una adulta ejecutiva. Ríe cuando se le pregunta qué hace para relajarse, porque ahora mismo no tiene ni el más mínimo descanso.

En unos días viajará a París para la entrega del Balón de Oro —ella es la candidata favorita para recibirlo—, y después espera poder ir retomando el control de sus tiempos, de la organización propia que tanto valora: “Soy consciente de que vivo de mi cuerpo y de que no puedo pasarme el día a full. Tengo que poder gestionarme”.

Bonmatí viste chaqueta y zapatillas Blazer Mid ’77 Vintage, de Nike, y jersey, camisa y pantalón de Gucci. Caterina Barjau

La maquilladora le aplica con un pincel crema hidratante. La brocha se ve tan suave, la crema tan fresca. Dan ganas de pedir una pasada. La campeona y MVP de la Copa del Mundo de Australia y Nueva Zelanda, la futbolista del momento, de pequeña no jugaba a maquillarse. Dice que está aprendiendo. Le rizan las pestañas. ¿Cómo se llama eso? “Yo tengo uno, pero no me sé el nombre”, dice Bonmatí. La maquilladora: “Rizador”.

A Aitana Bonmatí Conca, hija de madre y padre profesores de Lengua y Literatura Catalana, le gusta leer. Dice que su casa más que un hogar parece una biblioteca. Dice “mi casa”, aunque es la casa de sus padres. Vive como ellos en Ribes, pero su casa es otra, vive sola. Le interesa la II Guerra Mundial. Uno de sus libros favoritos es Si esto es un hombre, de Primo Levi, testimonio de su cautiverio en Auschwitz, y está leyendo Open, la biografía que le bordó a Andre Agassi el escritor J. R. Moehringer. Pese al rebumbio en que está metida, Bonmatí saca ratos y la está acabando. La tiene perpleja: “Tantos años jugando al tenis y odiándolo. ¿Cómo es posible?”. Esto no lo comprende. Sí se siente interpelada por la experiencia universal de sufrimiento y renuncias que requiere el camino a la élite del deporte.

Han terminado, pero no le gusta cómo le ha quedado el pelo suelto, las ondas. Pane opina que se ve bien. Ella insiste en que prefiere una coleta que le despeje la cara. Se lo hacen. Queda contenta. Le gusta la blusa Nike que lleva, que transparenta. “Un poco atrevida para mí, ¿no?”, dice. Pide un café para coger fuerzas para la sesión de fotos. Cuando se lo traen da unas “¡gracias!” muy sentidas, le brilla la cara. Le pasan un azucarillo. “No, no, jo sense sucre”, responde Bonmatí, que ha hecho de su liviano físico una máquina óptima.

Según datos de la organización de futbolistas Fifpro, desde julio de 2018 ha sido en el ámbito internacional la futbolista que más partidos ha disputado (242) y la que más consecutivos (140). El descanso y la nutrición son fundamentales para ella. El periodista propuso desayunar con ella en Ribes. Le dijeron que no. Esta mañana se ha levantado a las ocho y ha desayunado dos tostadas de pan de espelta con aguacate y queso manchego, “del seco, si puede ser”, un café con leche de avena, un kiwi amarillo. “Suelo hacer siempre lo mismo”.

Para Bonmatí la comida es energía. De niña, los fines de semana salía de casa por la mañana y jugaba en la calle hasta la noche. Se llevaba un bocadillo. No recuerda de qué era, no tenía ningún bocadillo favorito. “No era lo importante. Lo único importante era llevarme el balón”, recuerda, porque en efecto la niña Aitana tampoco era una niña, la niña Aitana era fútbol. La función del bocadillo se limitaba a permitirle recuperar fuerzas para correr más, dar más pases, robar más balones, ir más duro al choque, estar más fina en las paredes, más eléctrica en los regates, para competir, para ganar.

Y para luchar. En su libro Unidas somos más fuertes (2022) cuenta que de pequeña era “fría y dura”. ¿Por qué lo dice? Responde realizadas las fotos, ya sentados en el banquillo de visitantes del estadio Johan Cruyff: “Mi infancia no fue fácil porque yo era la única niña en un mundo de hombres, y las peleas, los insultos que recibía creo que me los guardaba, no era capaz de sacarlos y simplemente me ponía una coraza”.

—A veces acababais a los puños.

—Alguna vez, no era lo habitual. Lo habitual eran los insultos.

—Te tenían frita.

—Bastante.

Ríe Bonmatí, que estaba relajada en la sesión de maquillaje, pasó bien las fotos y sigue de ánimo abierto y generoso, pues carga un tonel de cansancio.

“Si el talento no va acompañado de disciplina, no llegas a ser una top mundial”, Aitana Bonmatí. La futbolista lleva abrigo y pantalones de MM6 Maison Margiela, y camiseta y zapatillas Dunk Low, de Nike.
“Si el talento no va acompañado de disciplina, no llegas a ser una top mundial”, Aitana Bonmatí. La futbolista lleva abrigo y pantalones de MM6 Maison Margiela, y camiseta y zapatillas Dunk Low, de Nike.Caterina Barjau

Antes de la entrevista habíamos preguntado por esta estrella del fútbol a dos jóvenes que tienen potencial para ser grandes jugadoras. Vicky López (17 años) entrena con ella en el Barcelona y dice que es “una alegría” verla jugar. La define como “muy competitiva y ambiciosa”. Cristina Librán (17 años) juega en el Madrid CFF y sueña con acercarse al nivel de Bonmatí. Dice que es “muy trabajadora, constante y ambiciosa”. Para ella, la define el gol que le metió en el Mundial a Costa Rica: “Recibe en el área, se da un toque por detrás y con la zurda mete el gol. Era difícil salir de esa acción favorecida porque estaba rodeada de muchas jugadoras”. El arte de Bonmatí radica en el dominio del espacio y el tiempo. Lo más importante de lo que hace sucede en su cabeza, un procesador de posibilidades en 360 grados, como su ídolo de infancia, Xavi Hernández. Durante el Mundial, Pep Guardiola dijo que estaba “enamorado” del fútbol de Bonmatí. Le recordaba a Iniesta. Quizá lo apropiado sería entender su juego como un híbrido de ambos, como sugiere Santiago Segurola, periodista que la ha seguido con atención: “De Iniesta tiene que se desplaza muy bien, con habilidad y profundidad, y de Xavi tiene el control del juego. Es puro Barça”.

Andrés Iniesta escribe por mensaje: “Para mí es un orgullo que Guardiola me compare con la mejor jugadora del mundo en la actualidad”. El prodigio de Fuentealbilla (Albacete), uno de los protagonistas de los majestuosos años del Barcelona de Guardiola y autor del gol que dio a España su primera Copa del Mundo, dice de Bonmatí: “Lo que más destacaría es su evolución: ha pasado de ser una buena jugadora de equipo a tener un rol cada vez más protagonista hasta el punto de liderar en estos momentos a la selección y al Barça junto a Alexia Putellas y a otras grandes jugadoras”. Enfatiza su calidad técnica, su rapidez, su habilidad, su sentido del gol y “su gran mentalidad ganadora”.

Lluís Cortés es el entrenador con el que Bonmatí ganó la primera Champions del Barcelona (2021). Desvinculado del club, la define como “una jugadora eléctrica, capaz de romper el ritmo del juego en cualquier momento”. Ya había coincidido con ella muy jovencita en las inferiores de la selección catalana y tendía a cogerse cabreos. “Tenía un punto de rabia que le costaba gestionar. Y la integración en el primer equipo le costó, por su timidez y porque es difícil llegar a un primer equipo siendo joven pero determinada a ser importante”.

Su exentrenador recalca una palabra: ambición. La ambición de Aitana Bonmatí.

—¿Qué es la ambición?

—Querer ser la mejor en todo, tener esas ganas de mejorar cada día y de llegar a lo más alto en todos los ámbitos —responde la futbolista.

—¿De dónde nace eso?

—De mí.

—¿Pero de dónde?

—Es que nunca me lo he preguntado. Desde siempre he sido muy competitiva, muy ambiciosa, muy ganadora, ¿no?, desde bien pequeña. Es que no sé, de mi familia te diría que no viene, tienen muchas virtudes, pero no son competitivos y menos en deporte.

Aitana Bonmatí Conca se llama así porque su madre y su padre consiguieron que fuese posible que su hija se llamase Aitana Bonmatí Conca. Para ello no tuvieron que burlar defensas aguerridas o realizar remates fulgurantes. Tuvieron que enfrentarse a un rival más correoso llamado legislación. Su familia y otras familias fueron parte de un movimiento que llevó a un cambio legal que permitió poner primero el apellido materno. Por eso ella es primero Bonmatí, como su madre, Rosa, y luego Conca, como su padre, Vicent.

Imma Mayol fue la diputada autonómica de Iniciativa per Catalunya Verds que canalizó el reclamo de Rosa. Dice que hasta hace unos días no se dio cuenta de que Aitana era la hija de aquella Rosa Bonmatí. Le encantaría reencontrarse con la madre: “A ver si cuando pase el suflé, que ahora deben de estar liadas”.

—En su libro escribe: “El talento es solo un factor sometido al trabajo y la disciplina”.

—Si el talento no va acompañado de disciplina, no llegas a ser una top mundial.

—”No me permito fallar”. ¿Demasiado autoexigente?

—Sí, pero con los años he ido aprendiendo a no ser tan dura, a entender que una no es perfecta y que el error a veces es el que te hace mejorar.

Aitana Bonmatí, de niña, con la camiseta de su primer equipo, el Club Deportiu Ribes.
Aitana Bonmatí, de niña, con la camiseta de su primer equipo, el Club Deportiu Ribes.Archivo personal de Aitana Bonma

Si se cumplen los pronósticos, recibirá el Balón de Oro este lunes 30 de octubre en París y será la tercera española en lograrlo, después de Luis Suárez y Alexia Putellas. Bonmatí este año ha ganado el Mundial, la Champions, la Liga y la Supercopa, y ha sido MVP del Mundial, MVP de la Champions, MVP de la final de Supercopa y mejor jugadora del año para la UEFA. Debería estar satisfecha, como mínimo. “No sé, es insaciable”, responde Cristian Martín junto a Ignasi Cardó, sus representantes.

Escribe Agassi en Open que su coach Brad Gilbert, el hombre que salvó su carrera, le decía: “Tú siempre intentas ser perfecto y siempre te quedas corto, y eso te jode la mente”. Bonmatí sabe del doble filo del perfeccionismo. Lo trata con los psicólogos de su club y en terapia privada. “Pocas veces estoy contenta con mis partidos porque siempre quiero más, pero cada vez lo gestiono mejor. Sigo sufriendo, pero no tanto como antes. Me permito ser persona y me permito fallar”.

En el último Mundial, después de ganar el partido que les daba el pase a la final, habló con Mayca Jiménez, periodista de Relevo. Quedaban unos días para la final y Jiménez le preguntó si esa noche lo celebrarían. “No se celebra”, fue la respuesta, seguida de que hay que dormir ocho horas y otros comentarios sobre pautas imprescindibles que no se debían saltar, tampoco esa noche. Jiménez subraya su valentía para dar la cara. Cuando en el Mundial Japón las goleó en fase de grupos, Bonmatí habló con todo medio que quisiera, españoles, extranjeros, en buen inglés. Se comprometió a que aprenderían de la derrota. Dijo: “Pido perdón”.

“Ambición es querer ser la mejor”, dice Bonmatí, que lleva chaqueta de Acne Studios; sudadera de Phoenix Fleece y gorro Swoosh, todo de Nike, y pantalón de Louis Vuitton.
“Ambición es querer ser la mejor”, dice Bonmatí, que lleva chaqueta de Acne Studios; sudadera de Phoenix Fleece y gorro Swoosh, todo de Nike, y pantalón de Louis Vuitton.Caterina Barjau

Aprendieron de la derrota. Ganaron el Mundial. La segunda Copa del Mundo que gana España desde la de 2010 en Sudáfrica. Y entonces. Entonces.

—¿Estamos obligados a hablar otra vez del beso?

—Yo no quiero hablar más de esto.

Aitana Bonmatí ya no está relajada. Lo estaba cuando la maquillaban y lo ha estado durante la entrevista hasta que ahora su voz se tensa y su mirada se blinda.

El día antes, Álvaro Morata había dicho que la selección masculina “ayuda mucho a la femenina…”, y leyéndole la cita, corta sin dejar terminar.

—Tampoco quiero hablar de esto, porque estoy muy cansada. Llevo ya muchas entrevistas así y creo que hay que poner en valor todo lo que estamos haciendo y dejar a un lado ya la polémica.

El buen flow de la sesión de belleza, del café sense sucre, lo lúdico de las prendas de moda, las poses para la fotógrafa Caterina Barjau, esas cosas que le habían ayudado a tener el ánimo liviano en esta tarde otoñal, todo eso se va y de golpe la arrastra el peso de semanas de controversias, de golpe ese vórtice la chupa hacia abajo. Bonmatí está demasiado saturada para enfilar las preguntas de rigor sobre el escándalo que ha sacudido a la Federación Española de Fútbol y que le ha costado el puesto a su presidente, Luis Rubiales, imputado por besar a Jenni Hermoso durante la entrega de la Copa del Mundo. Además de las semanas de tormenta mediática y del constante trajín interno entre jugadoras, Consejo Superior de Deportes y federación, de haber tenido una sola semana de vacaciones y de seguir entrenando e intentando cuidarse cada día al 100%, tres días antes se había emitido un programa que exprimió este terremoto político en 50 minutos con Bonmatí como entrevistada principal. Y esta tarde ya no puede más.

Responde a otras preguntas, aunque algo decaída tras asomar otra vez el tema de marras.

Cuenta que ha visto crecer mucho el fútbol femenino, pero apunta que aún le falta tantísimo por crecer. “Esto es el comienzo. El inicio”, dice. Sobre lo que le falta al fútbol practicado por mujeres prefiere no decir una sola cosa, de tantas que tendría que decir. Aunque menciona la obvia “precariedad” de algunos campos de la Liga F. Reflexiona sobre el lenguaje. ¿Debemos seguir diciendo fútbol femenino? Piensa que no y propone: “O especificar masculino o femenino siempre que se diga fútbol, o no especificar y que según el contexto se entienda”. Elogia la visión del Barça al apostar por secciones deportivas no hegemónicas y se declara “culé convencida”, si bien tuvo en 2021 una oferta del Olympique de Lyon que la hizo reflexionar. “Las decisiones importantes no se deben tomar de un día para el otro. Me gusta valorar todas las opciones”, explica. En diciembre de 2021 renovó hasta 2025.

Ha recuperado un poco el tono. Al preguntarle qué opina del tópico de que una futbolista o un futbolista no debe hablar de política, responde que la libertad de expresión es la misma para quien trabaja en una empresa, en un hospital o en un equipo de fútbol. Dicho eso, hoy no es el día que más le apetece ejercerla. Se acabó. Aitana Bonmatí necesita irse a descansar.

CRÉDITOS

Estilismo Juan Cebrián

Maquillaje y peluquería  Manuela Pane (Kasteel Artist Management) para Dior y Livingproof.  

Producción Cristina Serrano

Asistente de fotografía Claudia Sauret

Asistente de estilismo Paula Alcalde

Aitana Bonmatí lleva camiseta Chill Knit, de Nike.
Aitana Bonmatí lleva camiseta Chill Knit, de Nike.Caterina Barjau

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

_